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Sebastián Piñera: “Chile Vamos debe aspirar a una gran alianza desde la derecha republicana a Amarillos, Demócratas e independientes”

Una nueva Concertación -esta vez desde la derecha al centro, incorporando a la sociedad civil- es lo que propone el expresidente como hoja de ruta a su sector para volver a La Moneda. “Una gran mayoría es la única forma de hacer cambios de forma seria, responsable y sustentable en el tiempo”, asegura.

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En 2009, el expresidente Sebastián Piñera se transformó en el primer líder de la centroderecha en derrotar a la Concertación. La alianza de centroizquierda que congregaba desde el PS a la DC gobernaba el país desde el regreso a la democracia. Hoy, el exmandatario propone ocupar la misma fórmula -esta vez, desde la derecha al centro- para recuperar el poder que su sector político perdió en diciembre de 2021.

La encuesta CEP registró un alza de su evaluación positiva en 10 puntos y una disminución de la evaluación negativa en 12 puntos. ¿A qué atribuye ese cambio?

Agradezco el apoyo de la gente, porque nos tocó vivir tiempos muy difíciles. Creo que existe una fuerte y clara revalorización de nuestro gobierno. El tiempo es un gran aliado de la verdad y ese clima tóxico que significó el octubrismo se ha ido disipando. Hoy día el país lo que ve es que las crisis fueron razonablemente bien enfrentadas: en la crisis de violencia escogimos el camino de la democracia, le propusimos al país, el martes 12 de noviembre de 2019, un gran acuerdo nacional por la paz, la justicia y una nueva Constitución; en la crisis económica, Chile fue uno de los países que menos cayó el año 2020 por la pandemia y que más rápido y más fuerte se recuperó el año 2021, y frente a la crisis social, las redes sociales antes de la pandemia llegaban a cuatro millones y, en pocos meses, construimos una red capaz de llegar a 16 millones. Y finalmente, la pandemia del coronavirus… Creo que tomamos buenas decisiones, obtuvimos buenos resultados y eso es reconocido a nivel mundial.

Uno puede dar por descontada a la oposición, pero ¿no cree que hubo abandono de su sector, la centroderecha, cuando ese electorado se vuelca a una opción como la de José Antonio Kast, que no sólo es una derecha distinta, sino que se declaró en su minuto opositora a su gobierno?

He sido dos veces Presidente de Chile y ahora lo que quiero es ser un muy buen expresidente de Chile. Y por eso, mi opción y mi compromiso es contribuir a la unidad, al diálogo, a los buenos acuerdos en nuestro país… Los presidentes muchas veces se sienten solos. Recuerdo un Presidente que hablaba de La Moneda como la casa donde tanto se sufre. Y, sin embargo, todos quieren llegar. Así que uno siente a veces soledad, hubiera querido mayor apoyo, pero sumando y restando, creo que Chile Vamos fue un apoyo importante y leal con el gobierno.

¿Le preocupa el avance del Partido Republicano cuando el proyecto político de su vida ha sido generar una centroderecha con arraigo en el centro político?

He pensado mucho sobre el rol de la centroderecha en un país como Chile. Creo que Chile Vamos debe pasar de ser una alianza electoral a una coalición política, porque queremos ser una buena oposición y porque también queremos ser una buena opción de gobierno a futuro. Y eso requiere mayor unidad, mayor coordinación, mayor institucionalidad, mayor planificación del trabajo, trabajo en equipo, esfuerzo. Ahí hay mucho por avanzar. Pero, en segundo lugar, es muy importante que Chile Vamos busque crear una gran alianza por la libertad, la democracia, la justicia, el progreso, la paz. Esa gran alianza tiene que representar a una gran mayoría, porque esa es la única forma de hacer cambios de forma seria, responsable y sustentable en el tiempo. Creo que Chile Vamos debe aspirar a buscar alianzas desde la derecha republicana hacia el centro, Amarillos, Demócratas y hacia la sociedad civil, los independientes. Y, además, creo que es muy importante que Chile Vamos se comprometa con hacer su mejor aporte para que podamos tener una nueva y buena Constitución. Siento que se han revalorizado las ideas de la centroderecha, las ideas de libertad, seguridad, orden, igualdad de oportunidades, el crecimiento, versus las ideas del octubrismo y del refundacionismo que estaban tan en boga hace algunos años.

¿Esas ideas de centroderecha las capta mejor republicanos? ¿Por qué hay más adhesión a ese mundo?

Republicanos tuvo una gran adhesión por dos razones: representó mejor la oposición al gobierno y también interpretaron mejor la angustia por la inseguridad, la violencia y el crimen organizado. Pero creo que los países se gobiernan con grandes mayorías. Y para eso se requiere espíritu democrático, capacidad de diálogo y acuerdo, tolerancia, un sentido de amistad cívica.

En Chile Vamos hay resistencia a una alianza con republicanos y en Demócratas y Amarillos podría ser aún más difícil ese encuentro. Usted es más optimista que la media…

Hay que buscar esa alianza, avanzar buscando hacia la derecha y hacia el centro. Para gobernar un país en forma fecunda, para hacer grandes transformaciones, necesitamos una alianza muy sólida. El camino es ponerse de acuerdo en un programa ambicioso, pero al mismo tiempo factible, porque eso es lo que motiva y entusiasma a un pueblo y a un país. Pero, además de eso, creo fundamental resolver los temas que nos dividen. Por ejemplo, los temas de candidaturas presidenciales. Propongo que nos pongamos de acuerdo de inmediato, que dentro de esa gran alianza va a haber una primaria, que es el método más democrático para escoger.

Una alianza con José Antonio Kast, Evelyn Matthei, Ximena Rincón…

Aspiraría a una alianza tan amplia como poder buscar hacia la derecha, que básicamente es el Partido Republicano, hacia el centro, Amarillos y Demócratas, el Partido de la Gente y hacia los ciudadanos, que es la sociedad civil, que es el actor más importante de cualquier alianza política.

¿Y si en esa competencia gana Kast?

La democracia es la democracia.

¿Usted está disponible para esas primarias?

Ya le dije, quiero ser un muy buen expresidente.

¿Ve ánimo para caminar en ese sentido?

Esto no es fácil. Recuerde usted lo que costó formar la Concertación. Acuérdese que el PS con la DC durante el gobierno de la Unidad Popular se sacaban los ojos. Les costó mucho formar esa coalición, pero ello era necesario el año 89 para poder enfrentar el desafío de recuperar la democracia. Ahora necesitamos formar una nueva gran coalición que se haga cargo de los temas de hoy día. ¿Qué viene? Lo que viene en el mundo en materia de desafío del cambio climático es brutal, en materia de envejecimiento, migraciones, también en oportunidades, los avances de la ciencia y la tecnología son maravillosos. Vengo llegando de Sun Valley, donde nos mostraron hacia dónde va la inteligencia artificial, la farmacología, en todos los frentes hay revoluciones. Y aquí en Chile no somos capaces de levantar la vista del charco.

¿Qué incentivo tiene el Partido Republicano que va en alza para sentarse a conversar con el resto de las colectividades?

Cuando uno se ha sentado dos veces en el escritorio de O’Higgins y cuando ya ha acumulado bastantes canas, se deja de pensar a nivel partidista y piensa más a nivel país. Para poder salir de este pantano de estancamiento y para no acostumbrarnos a la mediocridad, necesitamos una gran alianza, que tenga la fuerza, la voluntad y la unidad suficientes para cumplir esa gran tarea, que es la gran misión de nuestra generación, poner a Chile nuevamente en marcha. Y eso se hace con grandeza, unidad, generosidad. Estoy planteando que, pensando en Chile, no pienso en la UDI, RN, Evópoli, Demócratas o Republicanos, se requiere una gran coalición de centroderecha. Igual que una gran coalición de centroizquierda en el año 89.

Usted se suele quejar de haber enfrentado una oposición obstruccionista, que no lo dejó avanzar. ¿Le parece que la oposición al Presidente Boric es muy distinta a la de su mandato?

Recuerde que el día 19 de octubre, un día después del estallido social, el presidente del Partido Comunista pedía la renuncia del Presidente. En segundo lugar, el Congreso no respetó las reglas del Estado de Derecho, invadió atribuciones exclusivas del Presidente, buscó resquicios para ir por reformas constitucionales. Básicamente, en esa época ocurrieron tres cosas: uno, que parte de la izquierda validó la violencia. En segundo lugar, no respetó los principios de la democracia. No respetó las instituciones. Y en tercer lugar, fue muy obstruccionista, porque se puso como única misión obstruir. La actual oposición tiene que ser firme en la defensa de sus principios, valores y convicciones, pero tiene que ser siempre constructiva y buscar buenos acuerdos. Lo que ocurre a veces con el actual gobierno es que propone fórmulas que han fracasado en el mundo entero, como la reforma tributaria original o la reforma de pensiones original. Cuando hay malas propuestas, hay que oponerse, pero eso no significa no estar siempre abierto a contribuir para buscar buenos acuerdos. Por ejemplo, en materia constitucional.

¿En qué contribuye que la oposición en un año y medio de gobierno haya presentado, por ejemplo, cuatro acusaciones constitucionales a los ministros, que corte el diálogo y pida la cabeza de un ministro de Estado?

La oposición a nuestro gobierno dio muy malos ejemplos, porque hizo nueve, 10 acusaciones constitucionales, y pedía la renuncia no de un ministro, sino de todo el gabinete o no aprobaban el presupuesto para Carabineros. Pero ese mal ejemplo no hay que repetirlo. Las acusaciones constitucionales deben ser utilizadas correctamente. Cuando se abusa de ellas se les hace mal a la democracia, a la institucionalidad y al país.

¿Cree que han sido bien usadas las acusaciones constitucionales por Chile Vamos?

No todas.

¿Cuál no?

No todas.

Y respecto a bajarse del diálogo sobre las reformas previsional y tributaria y condicionarlo a la salida de un ministro…

Después de haber sido Presidente dos veces, no me gusta que se pidan renuncias de los ministros, porque esa es una facultad exclusiva del Presidente. Pero al mismo tiempo creo que los presidentes tienen que tener el criterio y la amplitud para darse cuenta de que hay que privilegiar siempre, cuando uno nombra o destituye al ministro, el interés del país, el interés general, y no consideraciones de carácter más personal.

Como expresidente, ¿cuándo un ministro de Estado es contraproducente?

Creo que cuando ese ministro y el propio Presidente tienen que estar permanentemente dando explicaciones respecto de esa persona, ¿cierto?, es un problema.

Parte del malestar ciudadano que alimentó el estallido social se produjo porque la clase política no concretó reformas. Ahora se está produciendo un escenario parecido, no hay voluntad de su sector para avanzar en la reforma previsional, una tributaria…

Hay que hacer cambios, pero una cosa es hacer cambios para mejorar y otra cosa es hacer cambios para destruir. Creo que los ideólogos de este gobierno y de la izquierda tienen muy claro lo que quieren destruir, pero no tienen idea de lo que quieren construir. Les pregunto, ¿cuál es el modelo? ¿Queremos aspirar a ser un país como Nueva Zelandia, como Australia, o queremos aspirar a ser un país como Venezuela, Cuba o Nicaragua?

Usted propuso una reforma previsional donde la cotización extra del 6% se dividía 3-3 (solidaridad e individual) y ahora la derecha no se mueve del 6-0 para las cuentas personales…

Cuando hicimos la propuesta de reforma de pensiones proponíamos aumentar en 6% la cotización, es decir, el ahorro previsional de los trabajadores, con cargo pagado por los empleadores, y propusimos que fuera a las cuentas individuales, porque el ahorro previsional les pertenece a los trabajadores y ellos tienen derecho a elegir quién se los administra y que le garanticen que no van a ser expropiados, embargados o dilapidados. El acuerdo en la Cámara con la entonces oposición fue 3-3, y cuando pasó al Senado este lo trancó. Después vino la PGU que significó pasar de 1 a 2% del PIB el aporte del Estado a la solidaridad con las pensiones, porque la PGU son 220 mil pesos, muy por encima de lo que era la pensión básica, y además llega a todos los adultos mayores, excepto el 10% más rico, y dado que está la PGU, el 6% del mayor ahorro previsional que también se requiere, debiera ir en su inmensa mayoría a las cuentas individuales de ahorro previsional de los trabajadores.

Corríjame: está diciendo que el Estado ya hizo un gran esfuerzo en función de lo solidario y que ahora corresponde hacer un movimiento en favor de las cotizaciones individuales.

Es eso, pero con un matiz. El Estado ya hizo un gran esfuerzo. Y puede seguir haciendo más esfuerzos, pero con recursos públicos. El 6% que sale del bolsillo de los trabajadores debe ir a las cuentas individuales de los trabajadores, porque les pertenece a ellos. La solidaridad hay que hacerla con recursos fiscales.

Estaríamos despidiéndonos de una nueva reforma previsional en este periodo…

Bueno, es difícil, sin duda, pero sí quiero recordar que la gran reforma previsional solidaria fue la Pensión Garantizada Universal. Eso es la reforma más grande y previsional que se ha hecho en Chile en su historia.

¿Y sobre el pacto fiscal? ¿Hay posibilidad de avances?

Necesitamos un pacto fiscal, porque, como le decía antes, estamos avanzando en superar la crisis institucional con este Consejo Constitucional y espero que llegue a buen puerto, pero estamos empantanados en la crisis económico-social y no podemos acostumbrarnos a la mediocridad. Pero el pacto fiscal tiene que apuntar básicamente a enfrentar los problemas que hoy vivimos, cómo estimular y cómo potenciar el crecimiento, la creación de empleos, la mejora de los salarios, cómo aumentar la inversión que está cayendo permanentemente, la innovación, el emprendimiento, la productividad, cómo mejorar la eficacia y la probidad y la transparencia del gasto público, cómo modernizar el Estado y el empleo público. Esos son los grandes objetivos de un pacto social.

¿Y se da cuenta en este pacto de esos principios?

Creo que el pacto fiscal sigue estando muy centrado en aumentar los impuestos a los chilenos y en un momento de tanto despilfarro, corrupción y mal uso de recursos públicos, es muy poco oportuno hablar de querer quitarles más recursos a los chilenos.

Se vienen los 50 años del Golpe militar. La derecha vuelve a salir al pizarrón, pero surgen resabios de una derecha que no solo reivindica el Golpe, sino que también la figura de Pinochet. ¿Esas son señales que le preocupan? ¿Le parece que son un retroceso en la centroderecha?

Hay señales equívocas y preocupantes en ambos lados. Unos mitificando el gobierno de Allende y otros relativizando los valores de la democracia. Por eso es muy importante renovar y reforzar nuestro compromiso total con la democracia, con el Estado de Derecho, con la condena a la violencia, con el respeto a los derechos humanos. Está claro que hay distintas visiones y opiniones respecto del 11 de septiembre, al Golpe militar, lo que pasó antes o lo que pasó después. Pero donde no puede haber distintas visiones y opiniones es en nuestro compromiso total y absoluto con respetar la democracia y los derechos humanos, el Estado de Derecho y condenar y combatir la violencia.

El gobierno ha invitado a una declaración conjunta…

Cuando uno recuerda, tiene que decir ¿qué quiero recordar?, ¿para qué quiero recordar? y ¿cómo quiero recordar? Y aquí tenemos dos opciones, recordamos para unir al país o para dividir al país, para profundizar esas divisiones o para construir puentes, para repetir los mismos errores del pasado o para aprender de esos errores e iluminar mejor el futuro. Así se mide la sabiduría de los líderes y de los pueblos. Si usted pide mi opinión, esto va a ser muy controvertido, ve que Frei acaba de decir una palabra y recibió grandes críticas, déjenme a mí también incurrir en ese riesgo: creo que el Presidente Allende fue elegido democráticamente, pero que su gobierno durante su ejercicio no respetó las reglas de la democracia. Y la mejor prueba de ello fueron los pronunciamientos de la Corte Suprema, de la Contraloría General de la República y de la Cámara de Diputados, ratificando el quiebre de principios democráticos. En segundo lugar, creo que conducía al país a un modelo de dictadura del proletariado, de socialismo marxista, como quiera llamarlo, que no era lo que la inmensa mayoría del país quería. Y en tercer lugar, produjo una crisis política, económica y social de grandes proporciones, y eso generó un ambiente. El 11 de septiembre murió la democracia, pero no fue una muerte súbita, venía enferma de mucho antes. Ahora, después, el gobierno militar tiene un capítulo negro, que son los atropellos permanentes y reiterados a los derechos humanos, las muertes, las desapariciones, las torturas y las restricciones a las libertades, y ese capítulo debe ser siempre condenado. Y tiene otro aspecto, que son las modernizaciones, que siento que hay que mirarlas con objetividad, porque creo que muchas de ellas fueron muy positivas para Chile.

¿Cree que hay responsabilidad en el gobierno de la Unidad Popular, en cómo se resolvió el quiebre democrático, produciéndose un golpe de Estado?

El gobierno de la Unidad Popular, al validar la violencia, al no respetar la institucionalidad y el Estado de Derecho, al estar permanentemente cuestionando la democracia, contribuyó a crear un clima de tal polarización, de tal división, y además el caos político, económico, social. Recuerde que Chile llegó a tener inflaciones en 600%, escasez de abastecimiento de los bienes esenciales y básicos y, por tanto, la UP contribuyó a debilitar nuestra democracia.

¿Y era inevitable el Golpe militar en ese escenario?

Esa es la gran pregunta, ¿cierto? Esa es la gran pregunta.

¿Y usted se la respondió?

Usted ve ya el libro de Patricio Aylwin, ¿cierto? Que acaba de publicar de esos días, en el fondo dice que hizo todo lo posible y que no lo logró. Siempre uno quiere que los problemas de la democracia se resuelvan dentro de la democracia, pero eso requiere sabiduría y grandeza, y en esos tiempos no había ni sabiduría ni grandeza.

Usted es partidario de resolver el tema constitucional. ¿Contribuye que el Partido Republicano ingrese enmiendas que también se han calificado por el CEP, no por la izquierda, como identitarias?

Mire, el grave error que cometió la Convención Constitucional fue pretender imponer una mayoría sin ninguna sensibilidad por la minoría que estaba presente en esa Convención y sin ninguna sensibilidad por lo que pensaba la gente. Por eso es muy importante que hoy día la mayoría que existe en el Consejo Constitucional -por supuesto que es una mayoría que tiene derecho a expresarse y a buscar promover sus ideas, sus principios y sus valores-, pero tiene que tener mucha sensibilidad con lo que piensa la gente, el sentido común, la sabiduría popular.

¿Ve señales para preocuparse?

El trabajo de la Comisión de Expertos se hizo por unanimidad. Se pusieron de acuerdo en lo que pudieron ponerse de acuerdo. Una Constitución no es un programa de gobierno, no es un reglamento. Una Constitución, cierto, tiene que fijar los grandes principios, los grandes valores, garantizar los derechos y garantías de las personas, organizar el Estado. Y por eso muchas cosas tienen que dejarse al ámbito de la ley y no de la Constitución. Y, por tanto, pretender legislar a través de la Constitución es un error.

¿Cuál es su opinión del lío de platas que enfrenta el gobierno?

Es una crisis muy grave de corrupción. Transparentar, que todo sea público, es el mejor antídoto contra la corrupción y contra el despilfarro de recursos. Segundo, creo que aquí hubo una organización o una coordinación para sacar en forma ilegal y corrupta recursos del Estado.

¿No cree en la tesis de la inexperiencia, que había cosas que las autoridades no sabían que se podían hacer?

Hay que hacer una distinción, porque la sociedad civil hace un aporte muy importante a los bienes públicos. Lo público y lo estatal son dos cosas diferentes. Lo público nos interesa a todos. Salud, educación, seguridad, pobreza. Lo estatal le interesa al Estado, y por tanto los bienes o los intereses públicos pueden ser satisfechos por la acción del Estado, pero también con la colaboración de la sociedad civil. Hay que hacer una distinción entre las muchas instituciones que colaboran en forma honesta y cumpliendo la ley y estas otras instituciones que abusaron y que actuaron en forma muy poco honesta. Sobre la inexperiencia uno se puede equivocar en la parte administrativa, en la parte procedimiento. Pero ¿quién le entrega los recursos a una institución, una ONG recién creada, sin ninguna historia, y se los entrega en forma anticipada y sin ninguna garantía? Eso no es inexperiencia. Eso es corrupción o estupidez.

FUENTE www.latercera.cl 

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