Colo Colo y Universidad de Chile protagonizaron una nueva versión del Superclásico, donde los albos buscaban mantener su superioridad de los últimos años ante los azules, algo que se mantuvo aunque sin mucho brillo por el deslucido encuentro.
En el primer tiempo, la U controló bien a Colo Colo. El mediocampo, zona fundamental en un partido trabado, era un lugar donde se instaló muy bien el elenco de Mauricio Pellegrino, con Darío Osorio y Leandro Fernández ayudando mucha en ese lugar de la cancha.
Los albos tuvieron rápidamente una posibilidad de gol, cuando Esteban Pavez despachó un latigazo que Cristóbal Campos desvió de buena manera y la pelota golpeó caprichosamente en el horizontal.
No hubo, por largo rato, zozobras en ambos elencos. La U tuvo unos tibios acercamientos con Leandro Fernández y Nico Guerra, aunque no alcanzó para poner nervioso a Brayan Cortés. Algo mejor fueron las llegadas del Cacique cerca de los 40’, que a través de Fabián Castillo tuvo dos posibilidades consecutivas, la segunda bien repelida por el meta del Bulla.
Machacó de entrada el equipo de Gustavo Quinteros cuando comenzó la segunda etapa. Marcos Bolados realizó una buena jugada e hicieron trabajar arduamente a la defensa de la U, por la presión que metían sobre el área de Campos.
Eso sí, esa intensidad no duró más de 10 minutos. A pesar de que siempre era Colo Colo el protagonista en Macul, los azules empezaron a asentarse mejor y el rancho no pasaba las mismas zozobras de los primero minutos.
A los 74’ se registró un dramático momento en el césped del Monumental. Pero no por alguna jugada de peligro, sino por la lesión del lateral José Castro de la U, quien salió de la cancha llorando por lo que la lesión debe ser grave.
Pellegrino no comió vidrio. Sintió que si no podía ganar, era mejor empatar. Por eso sacó a Darío Osorio y mandó a la cancha a Mauro Morales, para ganar en trajín en el mediocampo y apostar a algún contraataque o una pelota detenida.
Sin ideas y con el partido desgastado, los albos apuntaban a una genialidad de Bolados o Carlos Palacios, más el olfato de Darío Lezcano. A ellos se sumó, en los últimos minutos, Jordhy Thompson.
Todo fue en vano. El 0-0 no se movió de la cancha del David Arellano y los dos equipos más grandes sellaron un partido lleno de bostezos. Clásico fue aburrirte.
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